Salud · lectura de informes

Por qué tu análisis dice 100 y el de tu primo dice 5,5: las unidades de un análisis de sangre

mg/dL, mmol/L, µmol/L y g/L miden lo mismo de formas distintas. Las conversiones habituales, por qué los rangos de referencia cambian de un laboratorio a otro y qué significa realmente el asterisco.

Esto no es un diagnóstico. Esta guía explica cómo está construido el papel de un análisis: qué significan las unidades, por qué los rangos varían y cómo leer las marcas. Interpretar un resultado concreto —decidir si es preocupante, qué lo causa y qué hacer— corresponde a el o la profesional que lo ha solicitado, que conoce tu historia clínica, tu medicación y el motivo de la prueba. Ningún número aislado significa nada por sí solo.

Dos formas de contar la misma sustancia

La confusión más habitual al comparar análisis —entre países, entre webs, o con un informe antiguo— es que existen dos maneras de expresar cuánta sustancia hay en un volumen de sangre:

  • Concentración en masa (mg/dL, g/L, µg/L): cuánto pesa la sustancia disuelta. Es lo habitual en España, Colombia y buena parte de América, y también en Estados Unidos.
  • Concentración molar (mmol/L, µmol/L): cuántas moléculas hay, contadas en moles. Es lo habitual en Reino Unido, Canadá, Australia y gran parte de Europa, y es la unidad del Sistema Internacional.

Para pasar de una a otra se divide por el peso molecular de la sustancia, y por eso cada analito tiene su propio factor: no hay una conversión única que valga para todo el informe.

mmol/L = (mg/dL) ÷ factor

AnalitoFactorEjemplo
Glucosa18,02100 mg/dL = 5,55 mmol/L
Colesterol (total, LDL, HDL)38,67200 mg/dL = 5,17 mmol/L
Triglicéridos88,57150 mg/dL = 1,69 mmol/L
Creatinina1 mg/dL = 88,4 µmol/L1,0 mg/dL = 88,4 µmol/L

Con esa tabla se entiende el título: una glucosa de 100 mg/dL y una de 5,55 mmol/L son exactamente el mismo valor. Y también se entiende por qué copiar un rango de referencia de una web extranjera sin mirar las unidades es una forma segura de asustarse sin motivo.

Un caso aparte es la hemoglobina glicada (HbA1c), que se informa en porcentaje (unidades DCCT/NGSP) o en mmol/mol (unidades IFCC), con una relación que no es una simple división. Si comparas dos informes con formatos distintos, ese es el que más confusión genera.

Por qué el rango normal de tu laboratorio no es el de otro

Junto a cada resultado aparece un intervalo de referencia, y sorprende descubrir que no es el mismo en todos los laboratorios. No es descuido. Un intervalo de referencia se establece midiendo a un grupo de población sana y quedándose, típicamente, con el rango en el que cae el 95 % central de esas personas. Depende, por tanto, de:

  • La técnica y el aparato con que se mide. Métodos distintos dan escalas ligeramente distintas, y el rango se ajusta a la técnica usada.
  • La población de referencia: edad, sexo, y a veces altitud —en ciudades de altura los valores de hemoglobina y hematocrito normales son más altos, porque el organismo compensa la menor presión de oxígeno—.
  • El contexto clínico. Para algunos parámetros no se usa un rango poblacional sino un objetivo terapéutico, que puede ser distinto según la situación de cada persona.

De ese «95 % central» se deduce algo que conviene tener muy presente: por definición, una de cada veinte personas sanas queda fuera del rango en cualquier parámetro. En un análisis con veinte determinaciones, que alguna salga marcada es el resultado más probable, no el más raro.

Qué significa el asterisco (y qué no)

La marca que el laboratorio pone junto a un valor —un asterisco, una flecha, la celda en rojo— significa una sola cosa: ese número cae fuera del intervalo de referencia. Es una señal automática, generada por comparación numérica, y no lleva dentro ninguna valoración médica.

No dice cuánto se sale, y la diferencia entre rozar el límite y triplicarlo es enorme. No dice si es esperable en tu caso: hay medicamentos, el embarazo, el ejercicio intenso del día anterior o simplemente no haber ayunado que desplazan valores concretos de forma perfectamente explicable. Y no dice si el dato es consistente: un valor aislado que se sale sin que ninguno de los relacionados lo acompañe hace pensar, antes que nada, en una incidencia de la muestra.

Por eso la lectura sensata es mirar el informe completo y la evolución en el tiempo, no el asterisco. Un parámetro que lleva tres años en el mismo sitio y sigue ahí dice algo muy distinto de uno que se ha movido de golpe.

Lo que cambia el resultado antes de la extracción

Una parte importante de la variabilidad no ocurre en el laboratorio sino antes, y explica bastantes sustos:

  • El ayuno. Afecta sobre todo a glucosa y triglicéridos. Si te pidieron ayuno y no lo cumpliste, díselo a quien te atienda: es información clínica, no una falta.
  • El ejercicio intenso reciente, que eleva marcadores musculares durante días.
  • La hidratación. Estar deshidratado concentra la sangre y sube ligeramente varios valores a la vez.
  • La medicación y los suplementos, incluidos los que se toman sin receta. Llévalos anotados.
  • La hemólisis —glóbulos rojos rotos en el tubo, a veces por una extracción difícil— que altera resultados concretos. El laboratorio suele avisarlo en el informe.

Cómo aprovechar mejor la consulta

  1. Lleva los análisis anteriores. La evolución vale más que cualquier valor suelto.
  2. Apunta las unidades si vas a comparar con otro informe, y comprueba que son las mismas antes de alarmarte por una diferencia.
  3. Escribe tus preguntas antes de entrar. Se olvidan dentro.
  4. Pregunta qué se mira y para qué, y qué cambiaría el resultado en lo que hagáis después. Es la pregunta que más información devuelve.

Si un resultado te preocupa, el camino es hablarlo con quien pidió la prueba, y hacerlo pronto si viene acompañado de síntomas. Buscar el número suelto en internet devuelve los casos más graves asociados a ese valor, que casi nunca son los más probables, y es una forma fiable de pasar un mal rato sin ganar nada a cambio.