Formatear y minificar son operaciones opuestas sobre el mismo archivo, y se confunden a menudo porque las dos «tocan los espacios». La diferencia está en para quién trabajas: formatear es para personas, minificar es para máquinas.
Formatear: para que se pueda leer
Formatear reordena e indenta el código sin cambiar lo que hace: pone cada cosa en su línea, alinea la sangría y deja los bloques a la vista. Sirve cuando te llega un archivo desordenado, cuando quieres entender código ajeno, o cuando buscas un error que se esconde en una línea de 2.000 caracteres.
Minificar: para que pese menos
Minificar hace lo contrario: elimina todo lo que el navegador no necesita para ejecutar el archivo. Espacios, saltos de línea, comentarios y, en JavaScript, los nombres largos de variables internas, que se sustituyen por otros de una o dos letras.
El resultado es ilegible para una persona y exactamente igual de válido para el navegador. Las reducciones típicas van del 30 al 60 % del tamaño original, y suben bastante en archivos con muchos comentarios.
«¿Y si mi servidor ya usa gzip?»
Es la objeción más habitual, y tiene parte de razón: la compresión gzip o brotli del servidor ya reduce mucho el peso al enviar, y sobre un archivo ya minificado la ganancia adicional es menor.
Pero minificar sigue aportando algo que la compresión no puede dar. El navegador descomprime el archivo antes de analizarlo, así que lo que tiene que leer e interpretar es el código completo. Menos código significa menos trabajo de análisis, y eso importa especialmente en móviles, donde la CPU es el recurso escaso. Dicho de otro modo: gzip ahorra red, minificar ahorra además procesador.