Casi todas las hipotecas en España usan el llamado sistema de amortización francés. Tiene una característica que sorprende a mucha gente la primera vez que ve su tabla: la cuota es siempre la misma, pero lo que haces con ella cambia radicalmente con los años.
La fórmula
La cuota mensual sale de aquí:
cuota = P × i ÷ (1 − (1 + i)−n)
Donde P es el capital prestado, n el número total de cuotas (los años multiplicados por 12) e i el interés de cada mes, que es el tipo anual dividido entre 12. Con un 3,2 % anual, i vale 0,032 ÷ 12 = 0,00266…
Un ejemplo con números reales
Pongamos una hipoteca de 180.000 € a 25 años con un 3,2 % TIN. Son 300 cuotas. Aplicando la fórmula sale una cuota de 872,42 € al mes.
Ahora la parte incómoda. Multiplica: 872,42 × 300 ≈ 261.727 €. Has pedido 180.000 € y vas a devolver casi 261.730 €. Los 81.727 € de diferencia son intereses; casi la mitad de lo que pediste, otra vez.
Por qué al principio casi todo son intereses
El interés de cada mes no se calcula sobre lo que pediste, sino sobre lo que todavía debes. En la primera cuota debes los 180.000 € enteros, así que el interés de ese mes es 180.000 × 0,00266… = 480 €. Como la cuota es de 872,42 €, solo 392 € van a reducir la deuda.
A partir de ahí se pone en marcha una bola de nieve lenta: cada mes debes un poco menos, el interés baja un poco, y la parte que amortiza sube un poco. En esta hipoteca concreta, la cuota no empieza a dedicar más a capital que a intereses hasta el mes 41, es decir, pasados casi tres años y medio.
El efecto acumulado es el que sorprende de verdad. Después de cinco años pagando, habrás entregado al banco 52.345 € y seguirás debiendo 154.503 € de los 180.000 iniciales: solo has amortizado 25.497 €. Casi la mitad de todo lo que has pagado se ha ido en intereses. Por eso vender la casa pronto deja esa sensación de no haber avanzado nada con la deuda.